Cali está condenada al atraso con sus líderes políticos

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Cali está condenada al atraso con sus

Lo más preocupante no es que existan diferencias ideológicas. Eso es normal en cualquier democracia. Lo verdaderamente grave es la pobreza del debate público que hoy tiene Cali.

Estamos enfrascados en un debate chimbo. La izquierda no quiere a la estatua de Sebastián de Belalcázar y la derecha no quiere la mano de Puerto Resistencia. Mientras unos celebran que Abelardo tenga su posesión en Cali, otros rechazan que Abelardo se posesione en la ciudad.

Y mientras todos se desgastan peleando por símbolos, nadie está discutiendo el futuro.

Acá los líderes políticos nunca tienen un debate serio sobre cómo atraer más inversión y generar riqueza. Nunca hablan de cómo hacer realidad el tren de cercanías, la vía 5G Cali–Palmira–Yumbo o la segunda pista del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón. No discuten cómo conectar una universidad pública con el puerto más importante del país para crear un verdadero polo de innovación y desarrollo.

Tampoco proponen hacer un estudio serio del PIB de Cali para entender las dinámicas económicas de la ciudad y, con base en esa información, construir una estrategia entre el sector público, la empresa privada y las universidades que impulse el crecimiento económico.

¿Por qué no estamos hablando de desarrollar nuevas zonas francas para las mipymes en el Oriente? ¿Por qué no estamos fortaleciendo la única zona franca especializada en tecnología que tiene Colombia? ¿Por qué no debatimos cuáles son las obras estratégicas que necesita Cali y, sobre todo, cuáles serán las fuentes de financiación para hacerlas realidad?

Las ciudades no se transforman ganando discusiones simbólicas. Se transforman atrayendo inversión, ejecutando infraestructura, generando empleo y construyendo una visión de largo plazo.

Mientras Cali siga atrapada en peleas sobre el pasado y no sea capaz de discutir seriamente su futuro económico, seguirá viendo cómo otras ciudades avanzan mientras nosotros celebramos victorias políticas que no generan un solo empleo, no atraen un solo peso de inversión y no mejoran la calidad de vida de ningún caleño.

Ese, quizá, es el verdadero atraso de Cali. No la falta de recursos, sino la pobreza de su debate político.

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